Construcción de paz en Sinaloa ¿Cómo iniciar?

Construcción de paz en Sinaloa ¿Cómo iniciar?

Desde que inició este año, o quizás desde antes, los hechos nos han demostrado que la violencia está tomando nuevos esquemas. Es evidente el rompimiento de los códigos o de ciertos mitos sobre la supuesta seguridad en los sectores que no participan de manera directa en actividades ilícitas. Ahora, el asesinato de Javier Valdéz nos deja, además de mucha tristeza, mayores evidencias de que los ciudadanos estamos solos, en medio de una lucha frontal en la que somos menos que carne de cañón.

Pero la violencia no es un fenómeno externo, sino un engendro de nuestras acciones; todos participamos en su construcción. Nuestras acciones y reacciones públicas y privadas importan: construyen conflicto o construyen paz.

Las reacciones de la autoridad

Diversas organizaciones y académicos han documentado las consecuencias de las estrategias de agresión y militarización de las calles como forma de contención de la violencia. Una estrategia que después de diez años de sangre y “daños colaterales” ha mostrado muy pocos resultados. Por el contrario, las acciones de prevención y atención social de las causas de la violencia han tenido casi nulo seguimiento. Pudiera ser porque tiene mayor rentabilidad electoral el desfile de fuerzas por la ciudad y la captura de capos, que los proyectos a largo plazo que buscan incidir en las conductas de los grupos en riesgo.

 

Reacciones ciudadanas ante el conflicto. “Así es vivir aquí”, “ya lo sabe usted, pero hay que sobrevivir”.

El año pasado, en mi estudio sobre la geografía de la violencia, entrevisté empresarios en diferentes sectores de la ciudad sobre sus reacciones ante la inseguridad. Encontré que, al comenzar las entrevistas, la mayoría de ellos aseguraban que los lugares donde trabajan “son muy seguros”, no obstante, al continuar con la charla, todos sin excepción narraban al menos un hecho de violencia que había ocurrido en los últimos meses en sus negocios o en las inmediaciones.  “Me asaltan cada semana”, “el mes pasado mataron a dos aquí en la esquina”, “escondemos las bolsas”, “no le abrimos la puerta a cualquiera”, fueron parte de las respuestas.

La violencia está presente en cada espacio, como un malestar crónico, y he concluido que, para hacerlo llevadero, los habitantes crean una coraza psicosocial – que Giddens ha llamado “seguridad ontológica” – que les permite mantenerse estables ante el constante riesgo; esta necesidad de seguridad los lleva a crear estrategias para protegerse como asumir los códigos que instaura el crimen, pero también origina indiferencia y un sentimiento de conformidad con la situación que enfrentan.

Ante la escalada de violencia, en particular la de los últimos meses, diferentes grupos de empresarios y ciudadanos, que antes no participaban abiertamente en la discusión – y el quebrantamiento de ciertos mitos o códigos que nos daban falsa estabilidad – han roto la coraza para levantar la voz y exigir paz. Los asesinatos, a decir de ellos, ya no ocurren sólo en otras esferas sino que ahora les afectan en sus propios lugares de trabajo. Les llegó el agua, entonces buscan hacer algo para detener la inundación.

 

El construcción de paz inicia con la acción

Decimos que en Sinaloa aspiramos a alcanzar la paz, y la pregunta ha sido cómo lograrla. Quizás, el primer cuestionamiento es qué tipo de paz queremos.

Quienes muestran nostalgia por el pasado, han planteado volver a los tiempos de los arreglos, cuando “no pasaba nada”. La realidad es que sí pasaba, porque la violencia estructural, tanto es los espacios de exclusión como en la ausencia de participación social, el dejar ser y la pasividad, eran la norma, y éstos construyeron una realidad que con el tiempo se volvió insostenible. Esta violencia estructural se convirtió en una fuerte violencia directa que pasó de los espacios privados a los espacios públicos, y las víctimas dejaron de ser exclusivas de cierto sector para volverse generalizadas.

No obstante, hay otro grupo de ciudadanos que están hablando de paz positiva: esto es, en palabras de Paty de Obeso, Directora del Instituto para la Economía y la Paz en México, “actitudes, instituciones y estructuras que hacen que la paz sea sostenible… duradera a lo largo del tiempo”.

Además de instituciones y estructuras se habla de actitudes, porque la paz debe surgir de la decisión a la acción, y de la acción individual a la acción colectiva. La experiencia nos ha mostrado que no basta con cambiar las normas y los esquemas de las organizaciones, tenemos que cambiar también nuestras formas de comportamiento: la experiencia y las actitudes importan. Tanto el Estado como los ciudadanos tenemos responsabilidades y un rol importante en la construcción de paz.

 

Ciudadanos construyendo paz

Así como la violencia, la construcción de paz tiene historia en Sinaloa. Activistas, líderes de organizaciones y otros interesados, han trabajado durante algún tiempo para alcanzar la paz. Recientemente, un grupo de actores sociales convocados por diversas empresas agrícolas y la Fundación Cárdenas, está impulsando el proyecto Rescate de Villa Juárez, con el objetivo de reunir fuerzas  ciudadanas para trabajar en proyectos sociales y culturales en la sindicatura.

El proyecto tiene, entre otros, cinco grandes aciertos: primero, que se está integrando un diagnóstico de las condiciones del lugar, y esto ha sido posible convocando a instituciones e investigadores con mucha experiencia en el sitio. Segundo, el proyecto busca crear condiciones para la paz a través de mejorar la educación, salud, y calidad de vida de los habitantes. Tercero, se plantea seguir un esquema de desarrollo endógeno, a través del empoderamiento de los liderazgos en el lugar. Cuatro, trabaja con las actitudes de las personas, y permite que actores no especializados participen en la construcción de paz de sus comunidades. Cinco, la participación de los empresarios agrícolas, que parte de la buena intensión pero también del interés económico – ¿porqué no? – es una muy buena oportunidad para la transformación de las prácticas laborales en el campo sinaloense y una toma de conciencia de lo que los académicos y otros analíticos de la sociedad bien conocemos: la equidad nos favorece a todos.

 

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